domingo, 5 de agosto de 2018

¡Y ARRIBA CON SIERRA NEVADA, EN EL DÍA DE SU PATRONA (LA VIRGEN DE LAS NIEVES)!

Un año más, cumpliendo con la tradición, para Sierra Nevada que tiramos en el día de su Patrona, la Virgen de las Nieves, y la de esta casa. Acercándonos primeramente hasta los Tajos de la Virgen y aupándonos después hasta el Veleta, en plan de otero y vuelta.
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 Dejamos el control de la Hoya de la Mora atrás, que tal día como hoy, 5 de agosto, permanece abierto para los vehículos, desde la creación del Parque Nacional de Sierra Nevada, hasta las Posiciones del Veleta. Comenzando con nuestro recorrido a pie, unos metros por debajo de las Posiciones. Punto en donde pudimos dejar el coche estacionado, en un día en que la festividad ha caído en domingo.
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¡Vamos, Nieves, muchas Felicidades!
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 Caminando bajo las primeras luces del día
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Bajo nuestros pies, la laguna-embalse de las Yeguas, con la loma de Dílar detrás
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 Laguna-embalse de las Yeguas, ya despejada totalmente de nieve
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Avistando también los cinco lagunillos de la Virgen.
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  Tajos de la Virgen, que vemos con los primeros rayos de sol, sobre sus cumbres cimeras
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Observando cómo subían a la Virgen de las Nieves en romería desde Pradollano, quedándole pocos metros para finalizar su trayecto y dejarla bajo los Tajos de la Virgen.
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El acto principal de esta festividad consiste en una romería nocturna, que va desde la Plaza de Pradollano (con la llamada de los romeros sobre las 3:00 h. de la madrugada), pasando por Borreguiles (sobre las 5:30 h., haciendo allí una parada para reponer fuerzas), terminando bajo los Tajos de la Virgen, al pie del Veleta (llegando sobre las 8:00 h.). Llevando los romeros, entre parihuelas, la pequeña imagen blanca de la Virgen de las Nieves de Monachil a hombros. Contando el trayecto con un desnivel de más de 1.000 m. Vista aquí del último y más pendiente de los tramos, la tremenda subida por el sendero que discurre por la pista Olímpica.
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Imagen del punto exacto de la concentración en el corazón de la vertiente oeste de Sierra Nevada
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 Echándole una ojeada mientras tanto, desde el collado de la Carihuela del Veleta (3.200 m), al Mulhacén, a escasos minutos de la salida del sol. Paralelamente a esta romería, que tiene su origen en la aparición mariana que tuvo lugar bajo los Tajos de la Virgen,  en el año 1717, cumpliéndose el año pasado su 300 aniversario (del que dejo al final de la entrada, un extenso artículo de Manuel Titos, que fue publicado por IDEAL, el mismo día del aniversario), el municipio de Trevélez  también celebra otra hasta el Mulhacén (a la que hemos asistido varios años) y que está considerada la más alta de España e incluso de Europa. Romería de Trevélez al Mulhacén que data del año 1912.
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 Obrservando cómo el nevero de la Carihuela aún se resiste. Arriba vemos el pico Veleta, desde esta cara oeste
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 Con la laguna de Aguas Verdes bajo nuestros pies
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Laguna de Aguas Verdes, tirando de zoom
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 Cambiando de vertiente, con mirada nuevamente hacia los Tajos de la Virgen
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Observando el punto de celebración, ubicado sobre los 3.100 m.de altitud aprox., al que descendemos seguidamente
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 Y por los suelos, el símbolo de Sierra Nevada: la Estrella de las nieves (Plantago nivalis). Exclusiva de estas cumbres, tiene, junto al edelweis, la leyenda de ser "la flor del amor eterno", aunque su floración es muy efímera, ya que solo dura unos días. Especie que presenta algunas adaptaciones climáticas muy curiosas. Sus hojas retienen el agua y andan recubiertas de pelos que las protegen de las bajas temperaturas, evitando así la evaporación. Crecen muy pegadas al suelo para protegerse de los fuertes vientos que azotan las altas cumbres. Siendo un buen ejemplo de adaptación a las condiciones extremas de las altas cumbres y un bioindicador de los pisos oro y crioromediterráneo. Estando su hábitat comprendido entre los 2.200 m. y 3.200 m., tapizando incluso de blanco la orla exterior de los borreguiles y pastizales nevadenses. Endémica, pues, de Sierra Nevada, se encuentra en la categoría, de momento, de "no amenazada".
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Existiendo un gran nevero en las proximidades del punto de celebración. Nevero que hacía años que no veíamos en el lugar y fecha en la que nos encontramos.
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Colocando los romeros la imagen sobre  un pequeño altar que han formado las piedras de pizarra

 Y cuando el primer rayo de sol incide...
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...sobre la pequeña imagen blanca, a las 8:23 horas aprox...
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...Comienza el acto a la Patrona. Este año, con bautizo incluido de un pequeño romero
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Imagen de la Virgen de las Nieves de Monachil. Réplica de la talla, a pequeña escala, de la que corona el Monumento a la misma, situado próximo al Mojón del Trigo, obra del escultor granadino Francisco López Burgos.
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Aupándonos nuevamente, tras terminar el acto...
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...Hasta el collado de la Carihuela del Veleta
 Continuando los romeros con la imagen a hombros hasta el collado; para ya, en coche, bajarla a Pradollano. Terminando con la romería, a la que, según algunos cálculos, ha contado con una asistencia de unos mil participantes.
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Romería que constituye el acto central de la fiesta
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Acabando hoy sus distintas actividades en la Plaza de Pradollano.
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Decidiendo nosotros auparnos a continuación hasta el Picacho Veleta, partiendo desde el lateral-parte trasera del refugio de la Carihuela, que anda situado sobre la cota de los 3.205 m.
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  Poniendo la flora un poco de colorido en nuestro ascenso, mientras vamos caminando por el trazado de la antigua carretera, con algún tramo aún de asfalto, y mayormente de tierra, recortando por los senderillos más utilizados, entre un pedregal que parece marchito, pero que alberga una valiosa muestra, aunque pequeña, de nuestra flora nevadense. Ejemplares varios endémicos de Sierra Nevada, caso como la conocida como Piel de león o Papo (Arenaria tetraquetra subsp amabilis
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 Los Dragoncillos de Sierra Nevada, Espuelillas o Conejitos (Chaenorhinum glareosum)
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Y la diminuta Violeta de Sierra Nevada (Viola crassiuscula), una de nuestras pequeñas joyas botánicas, que vemos entre varias especies de cardos y otras representantes nevadenses 
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Con vista seguidamente del Puntal de loma Púa, y comienzos de los Tajos de la Virgen, con el refugio de la Carihuela debajo
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 Mirada hacia el Veleta...
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Nevero de la Carihuela visto desde su parte superior
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 Un nuevo vistazo hacia la cabecera del valle del Dílar, con la laguna-embalse de la Yeguas a la derecha
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 Con algunos neveros a estos comienzos de agosto, aún sin agostarse, valga casi la redundancia
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 Parándonos, de camino a la cima del Veleta, en este saliente (detrás vemos los Machos, el Mulhacén asomando y la Alcazaba)
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Estamos justo debajo de la cumbre del pico Veleta
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Debajo, casi de vértigo, vemos la laguna del Corral del Veleta, situada sobre los 3.086 m., que se la considera la más alta de Sierra Nevada

 Una toma con zoom ahora de la laguna del Corral
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Con una magnífica vista del valle glaciar, con su típica forma de U, del Guarnón...
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...Cerro Pelado, Puntal de Vacares, Alcazaba, Mulhacén, Puntal de la Caldera, Puntal de Laguna Larga, Loma Pelá, Cerro de los Machos...
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 Y el Acentor alpino (Prunella collaris), como diciendo 'aquí también estoy yo' (jeje)
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 Posicionados ya sobre el vértice geodésico del Veleta, situados sobre los 3.398 m.
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 Vista hacia el valle del río Veleta
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 Con el lagunillo o charca del Veleta, tirando de zoom, debajo, recibiendo aportes de los Vasares del Veleta, y que vemos situado junto al talud superior de la pista a Capileira, a continuación de la laguna de Aguas Verdes y antes de llegar al collado del Lobo.
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 Lagunillo que junto con la laguna de Aguas Verdes, son los inicios de este río y valle
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Apeándonos seguidamente del Veleta
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Y con esta, de un túnel de nieve que nos encontramos por los alrededores en donde teníamos estacionado el vehículo, por debajo de las Posiciones del Veleta, junto al terminal del Telesilla, que nos despedimos y más que fresquitos ¡Un saludo y hasta la próxima!
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SOBRE LA LEYENDA DE LA APARICIÓN MARIANA:

Dejo por aquí el artículo de Manuel Titos Martínez, que fue publicado el año pasado en IDEAL, en el 300 aniversario de la aparición mariana:

"Se cumplen hoy 300 años de la fecha en la que la tradición popular ha situado la aparición de la Virgen de las Nieves sobre las cumbres de Sierra Nevada. Según dicha tradición, el 5 de agosto de 1717 el beneficiado de Válor, Martín de Mérida, y su criado, Martín de Soto, estuvieron a punto de perecer cuando trataban de atravesar Sierra Nevada por el collado de la Carihuela, de Capileira o del Veleta para dirigirse desde su pueblo, en la Alta Alpujarra, hasta Granada y se les desencadenó una fuerte tormenta que les dejó medio enterrados en la nieve.
Empapados por el agua que manaba en inagotable caudal convertida en nieve a medida que avanzaba la tarde, ateridos por el frío de un viento que sobre los tres mil metros acuchillaba la piel y espantados por el incesante circular de los relámpagos y el estallido impetuoso de los truenos, creyeron llegado el fin de sus días y cobijados bajo una pequeña cornisa que formaba una enorme roca de pizarra deshojada se prepararon para pasar a la otra vida. Como un último recurso ante un final irremediable, Martín de Mérida pidió a la Virgen su protección en aquel trance y, según contaron, su fe obtuvo la respuesta requerida. Súbitamente la ventisca se detuvo, cesaron los rayos y los truenos y el inmenso mar de nubes negras se disolvió en el espacio para dejar lugar a un cielo azul y a un sol cuyos haces de luz estallaban en mil colores al estrellarse sobre las pizarras, que chorreaban aún el agua caudalosa de la tormenta ya pasada. Cuentan que el Beneficiado de Válor aún pudo ver en medio de aquel mar de luz un resplandor de enorme intensidad desde cuyo interior la Virgen de las Nieves extendía sus brazos en un gesto protector.
Al año siguiente, 1718, Martín de Mérida, agradecido por haberle librado la Virgen de una muerte que creía segura, mandó construir a sus expensas una ermita en honor de Nuestra Señora de las Nieves en el sitio donde habían tenido lugar los acontecimientos, conocido desde entonces como los Tajos de la Virgen. Aquella ermita sobrevivió poco tiempo y dentro del mismo siglo XVIII fue trasladada en 1724 a las Fuentezuelas o Prados de la Ermita, en 1745 al Picón del Savial (Ermita Vieja) y en 1796 a las Eras de Dílar, que congrega la veneración a la imagen montañera desde entonces.
El devoto, el montañero o el simple curioso se harán algunas preguntas al respecto. La primera: ¿pudo darse una tormenta de esas características un 5 de agosto? Ahora es más difícil, pero los serranos veteranos lo pueden certificar con su experiencia. Y los viajeros antiguos también lo hicieron. Por ejemplo, Francisco Fernández Navarrete escribió en 1732 que el año 1717 fue particularmente gélido hasta el punto de que alguna planta como el escordio, «después de los yelos del año 17 no ha aparecido más». Algo que no debe resultar sorprendente si se tiene en cuenta que Europa se hallaba inserta en ese momento en la fase final de lo que se ha venido a llamar Pequeña Edad del Hielo, una importante fluctuación climática localizada en el Holoceno terminal y caracterizada por un importante descenso de las temperaturas. Segunda cuestión: ¿Por qué utilizar Sierra Nevada para el ir y venir entre la Alpujarra y Granada? Sencillamente por el acortamiento de la distancia y del tiempo, si la climatología lo permitía. Clemente Rubio confirmaba en 1804 la frecuencia y peligrosidad de este itinerario al afirmar que los del Barranco del Poqueira «tienen su camino más corto por el maldito Puerto de Veleta, el camino de éste va luego a unirse [y] coincidir con el de los Neveros». Los viajeros de Válor eligieron este camino, «el maldito Puerto de Veleta» como con buen tino lo califica Clemente, porque, pese a su dificultad, era el más acorde en aquel momento con su destino: la ciudad de Granada.
Tercer asunto. ¿Existió realmente Martín de Mérida? El hecho de que las fuentes escritas encontradas no hablen de él hasta 1772 podría hacer pensar que su existencia era más legendaria que real. Nada se podía aclarar en los archivos de la iglesia de Válor, desaparecidos, pero una minuciosa búsqueda en el Archivo Histórico Diocesano de Granada ha permitido constatar su existencia y reconstruir su historia. Se trata de Martín Joseph de Mérida y Arévalo, nacido en Válor en octubre de 1665, hijo de una familia acaudalada alpujarreña compuesta por Baltasar de Mérida y María de Arévalo, descendientes respectivamente de uno de los responsables de la repoblación alpujarreña y de uno de los célebres Mártires de la Alpujarra durante la Guerra de los Moriscos. Buenos avales, ambos, para conseguir prestigio y riqueza en la comarca. Martín fue hijo único, estudio en el seminario de Guadix donde se ordenó de menores en 1689. En 1690 opositó y obtuvo el Beneficio de la iglesia de Válor con nombramiento real de Carlos II. En 1691 se ordenó de Epístolas (subdiácono) en Granada; el mismo año fundó una capellanía en Válor dotándola con cuantiosas fincas de su propiedad y en febrero de 1692 el arzobispo de Granada, Fray Alonso Bernardo de los Ríos y Guzmán, expidió “reverendas” para misa a favor de nuestro personaje. Ya como sacerdote y licenciado, Martín de Mérida se mantuvo durante toda su vida como Beneficiado de Válor, heredó un mayorazgo de su familia materna y lo unió a otro de la paterna, contribuyendo a consolidar el poder de los Mérida en la comarca. Falleció seguramente en Válor en la tercera década del siglo XVIII.
Finalmente, la tradición ha mantenido desde antiguo la itinerancia de las cuatro ermitas pero ¿existieron en realidad? A falta de documentación oficial, eclesiástica o civil, que avale su construcción, dos procedimientos podrían utilizarse para su constatación. Uno, la exploración de los textos de los autores que escribieron sobre Sierra Nevada en el siglo XVIII (Fernández Navarrete en 1732 y Antonio Ponz en 1754) y algunos en el XIX (Clemente y Rubio, Guillaume Schimper, Manuel Casado o Juan Bautista Bide), a través de cuyas narraciones ha sido posible la constatación de la existencia de las dos primeras ermitas y su ubicación precisa en Sierra Nevada. El otro, el pateo minucioso del terreno, que ha permitido identificar sus ruinas en la Carihuela del Veleta, la primera (1718-1724), y en los Prados de la Virgen o en Las Fuentezuelas, como entonces se llamaba a este paraje, la segunda (17241745). Ambos sistemas de indagación resultan sorprendentemente concordantes.
De la tercera ermita, denominada desde hace tiempo Ermita Vieja (1745-1796), han existido sus ruinas hasta 1991 en que sus piedras fueron utilizadas por la Agencia del Medio Ambiente de la Junta de Andalucía para la construcción de un inútil refugio de cazadores y es en la actualidad un paraje de la sierra de El Manar, donde se dan cita montañeros y ciclistas al amparo de la fuente que alimenta una antigua alberca y, en la actualidad, un depósito de agua contra incendios.
Y la cuarta, construida en 1796 junto al pueblo de Dílar gracias a la iniciativa y la aportación económica del Beneficiado del pueblo, Mateo Benítez, ha sido reformada varias veces y sigue siendo en la actualidad sede de la veneración a la Virgen serrana.
Se trata, por consiguiente, de una tradición sólidamente fundada, tres siglos, que se ha ido extendiendo a otros lugares (Pradollano/Veleta, Trevélez/Mulhacén) y que tiene incluso antecedentes en otros lugares como Las Gabias. Y ahora, cuando después de trescientos años están identificados los lugares y las ruinas que quedan, no estaría de más una ligera intervención que consolidara las mismas y llamara la atención de los montañeros sobre el lugar en el que, cuando pasan por allí, se encuentran."